Invierno en la Manchuela Conquense

El invierno de la Manchuela Conquense se caracterizan por sus helados campos de cultivo que junto a las congeladas cascadas de las Chorreras crean paisajes únicos 

Los rojizos campos de tierras arcillosas amanecen blancos por las heladas, aunque alguna vez, entrado ya enero, es la nieve la que los cubre. Las ovejas de los ganaderos se refugian para darse calor unas con otras gracias a sus largas lanas, ya crecidas desde el último esquile. Las hojas secas de los árboles ya han desaparecido desde el otoño, y rara es la viña a la que le queda alguna hoja por caer. Charcos de agua, fuentes e incluso cascadas heladas en los ríos. Son los paisajes que se pueden encontrar a lo largo del inviernos en la Manchuela Conquense. Paisajes que con solo verlos se te mete el frío en el cuerpo. Un paisaje al que acompaña además el intenso olor a leña quemada que sale desde las chimeneas de muchas de las viejas casas de la comarca.

Y es que desde los últimos días de noviembre hasta bien entrado marzo, la climatología de esta comarca conquense no permite a sus habitantes salir a la calle sin chaqueta. Su climatología mediterraneo-continental hace que los inviernos sean muy fríos y sin excesiva humedad. Las heladas son constantes durante diciembre, enero y febrero, ya que, aún a pesar del frío, pocas son las nubes que se pueden ver en su cielo que, quitando los pocos días en los que llueve o nieva, se encuentra azul, tornándose a rojizo con la bajada del sol a partir de las seis de la tarde.

En esta época ya no se oye a los niños y niñas en las calles, ya que muchos han vuelto a las ciudades en las que residen, y los que viven en la comarca dedican las tardes a las actividades extraescolares, que les mantienen más calientes que las que puedan realizar en plena calle. Aunque el frío no importa cuando llegan las nevadas, ya que tanto pequeños como mayores se tiran a las calles para jugar con los copos y las bolas de nieve.

La Manchuela conquense se encuentra al sudeste de la provincia de Cuenca, quedando protegida por el río Júcar y el Cabriel, dos ríos que provocan en invierno unos estupendos paisajes para hacer senderismo o rutas en bicicleta a su alrededor. Las cascadas heladas de las chorreras son algunos de los característicos paisajes que muchos se acercan a ver durante los meses más fríos del año.

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