Otoño en la Manchuela

Tras los meses veraniegos el sol comienza a dejar de calentar tanto como en los meses de julio y agosto, y los días ya se notan más cortos que en la época de verano, pero aún los días no son tan fríos y se toma como una transición para que el cuerpo se vaya aclimatando a otro tipo de temperaturas.

El otoño en la Manchuela Conquense tiene un encanto único y es que los árboles pierden pronto sus hojas y comienzan a llenar los suelos de rojizos y crujientes mantos que, por mucho que se limpien seguirán apareciendo mañana tras mañana en patios, parques y paseos.

Los campos dejan de ser amarillentos para coger de nuevo el color de tierra rojiza que tanto caracteriza a la comarca, haciendo que los atardeceres deslumbren sobre ellos.

Las lluvias vuelven tras varios meses de sequía y breves tormentas de verano, y seguro que bañan alguna de las últimas fiestas patronales de los pueblos.

Nosotros mismos cambiamos, no solo los colores de los paisajes se apagan, sino también los colores de nuestras ropas, que pasan además de ser cortas a añadirse algún pantalón largo y chaquetas de manga larga.

Es una época perfecta para volver a coger el ritmo de la rutina, hacer deporte y salir de excursión, ya que pronto llegará el frío helador y a nadie le apetecerá salir de debajo de las mantas. El olor de las estufas de leña volverá a las calles de los pueblos y se impregnará en las ropas de los transeuntes.

Las setas y los hongos también vuelven y muchos aficionados en la comarca volverán a los campos en busca de unos buenos ejemplares que poder echar después a un arroz o una caldereta.

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